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Teobaldo

[Relato] Un mal descenso

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Este relato lo escribí en mis ratos de ocio inspirado en aquella épica salida al Salto de Apoquindo en noviembre pasado. Fuimos como 25 ciclistas quienes intervenimos y estuvo de miedo. Fue tan rica la experiencia que mi mente empezó a tirar idea tras idea hasta que, no pudiéndolo resistir, me puse a aporrear el teclado. Bien, acá está el resultado y espero que les agrade.

Un mal descenso

Teobaldo Mercado Pomar

Inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual con el Nº186.735

Jaime recuperó la consciencia poco a poco. Fue como despertar de una pesadilla interminable que se negaba a soltarlo. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue un trozo del cielo y una rama de árbol que parecía oscilar suavemente a su derecha. Parpadeó varias veces antes de asegurarse de que estaba despierto por completo. Intentó moverse y un agudo dolor en el costado derecho lo azotó como una descarga eléctrica.

—Ayyy... —murmuró, reprimiendo un grito de dolor.

El brazo derecho también le dolía, pero no tanto. Miró con mayor cuidado a su alrededor mientras los recuerdos acudían a su mente. Se percató de que estaba de espaldas sobre un enorme arbusto, el cual crecía en la ladera de una quebrada que más de un centenar de metros abajo terminaba en un riachuelo. Por lo visto, su caída había sido frenada por el vegetal, aunque el golpe le produjo heridas. Supuso que tenía algunas costillas rotas y el brazo parecía estar igualmente roto. Al mover las piernas se encontró con un fuerte dolor en la rodilla izquierda...

—¡No! —exclamó, recordando todo lo sucedido de golpe.

Observó en todas direcciones, ignorando el dolor de su cuerpo al moverse para girar la cabeza. Con el brazo bueno se asió a las gruesas ramas para no caer al barranco. No veía a nada ni nadie por los alrededores y eso lo hizo sentirse un poco más tranquilo. Dejó de resoplar por el miedo, calmándose de a poco en su incómoda situación. Se alegró de que el arbusto hubiese detenido su caida, pues de lo contrario ahora sería cadáver.

—Mierda, mierda —murmuró al rememorar los minutos previos.

Iba por el sendero de tierra en su bicicleta, enfrascado en una excursión con sus amigos. Él se retrasó un poco y los demás lo dejaron atrás. Pero no importaba, el camino era de bajada y pronto los alcanzaría, sólo era cuestión de frenar menos. En eso estaba, sintiendo el aire en el cuerpo, atento a las sinuosidades del terreno, con las manos firmes en el manubrio, cuando de pronto algo en la ladera del cerro llamó su atención. Fue cosa de un segundo, en donde se fijó en la animal presencia que lo observaba listo para saltar sobre él. Era un puma, aquel gran felino de la precordillera y la cordillera, que casi nunca bajaban tanto. Pero éste lo había hecho y se aprestaba a caerle encima. No tuvo tiempo ni para asustarse, ya que la criatura se le abalanzó en un gran salto y ambos cayeron hacia la quebrada. Quizás el animal calculó mal o fue simplemente mala suerte, no obstante, los dos rodaron cuesta abajo. Jaime sólo recordaba una sucesión de tierra y aire pasando ante sus ojos antes de perder el conocimiento.

Haciendo un gran esfuerzo logró incorporarse a medias.

—Bendito arbusto —agradeció, dándole palmaditas en las ramas.

Al mirar con mayor detención hacia abajo encontró al puma sobre unas rocas a orillas del riachuelo. Estaba echado de bruces y un gran charco de sangre caía de su cabeza. No cabían dudas de su muerte y se alegró de seguir con vida. Había tenido suerte, mucha suerte de que su descenso se viera frenado por las ramas. Los huesos rotos eran lo de menos, ya que sería cuestión de tiempo y médicos el recuperarse de eso. Cogió su teléfono celular, comprobando que no tenía señal.

—Puta, qué genial —se quejó.

Permaneció un rato en silencio, esperando ver a sus amigos buscándolo. Pasaron los minutos y nada sucedió. ¿Por qué no lo habían echado de menos todavía? Ah, claro, la bajada era larga, varios kilómetros, así que quizás ni siquiera se habían dado cuenta de su inusual retraso. Supuso que eventualmente se percatarían, aunque para cuando eso sucediera y volvieran a buscarlo podrían haber pasado muchas horas. Tenía que moverse, salir de ahí por sus propios medios, así que empezó a deslizarse hacia la ladera. Fue complicado y doloroso el poder apoyarse sobre la superficie de tierra y piedras. La rodilla herida reducía la movilidad de su pierna a casi la mitad, pero no importaba. El brazo derecho se negaba a operar bien y las costillas reclamaban por cada movimiento hecho. Su orgullo le impidió dar algún grito de dolor. Continuó subiendo por la pared de la quebrada, asiéndose a cada arbusto o roca lo suficientemente grande o sólido como para serle de utilidad. En más de una ocasión estuvo a punto de caer, sin embargo, logró sostenerse. En una de esas ocasiones pudo vislumbrar su bicicleta en el riachuelo, incrustada entre unas rocas. No se veían los daños que tenía, pero seguramente le saldría mejor comprarse otra antes que reparar ésa.

—Ánimo, vamos —dijo en voz baja cuando llevaba recorrida la mitad del camino.

Hizo un alto para recuperar el aliento. Miró para abajo al árbol y luego al puma sobre las rocas. Bien, la inclinación no era muy pronunciada, algo a su favor. Se alegró de no haberse roto las piernas, en cuyo caso ni podría haberse movido. Pero no por ello iba a ser un alegre paseo. Prestó atención por si escuchaba a sus amigos acercarse. Nada, ningún sonido excepto algún pájaro lejano o el viento que discurría por el lugar. Una vez más verificó si el móvil tenía señal.

—Recibe, mierda —murmuró, aunque no tuvo suerte.

Escupió y eso hizo que algo de tierra se derramase a sus pies. Se quedó quieto. No debía hacer movimientos bruscos estando en esa precaria posición. Más abajo había arbustos y otros árboles que tal vez frenarían una nueva caída, pero no quería tentar a la suerte. Volvió a ascender, ahora un tanto enojado por el abandono de sus compañeros, resbalando en más de una ocasión y agarrándose al terreno con sus guantes. Se refrenó para no maldecirlos, sabiendo que aunque lo buscasen sería difícil que lo ubicaran en ese terreno con tantos matorrales que obstaculizaban la visión. ¿Quién lo había mandado a meterse ahí? Nadie, sólo su gusto por la bicicleta de montaña, una especialidad que ya había matado a algunos imprudentes. Eso era irónico, él no se arriesgaba demasiado, usaba casco, guantes, luces y todos los implementos necesarios para una buena pedaleada. Tenía que haber sido un condenado animal el que pusiera en riesgo su vida. Bien, algo que contarle a los nietos.

Tras un recorrido que pareció interminable, al fin pudo llegar al camino de tierra. Se echó de bruces sobre el mismo, agotado y adolorido por el esfuerzo. Luego, se volteó de espaldas para mirar el cielo. Era tan lindo, pese al calor de más de treinta grados. Esperó unos minutos a recuperar fuerzas y, tras un gran esfuerzo, se puso se pie. Los huesos rotos protestaron y se mordió los labios para no gritar de dolor. Verificó otra vez la señal del celular. Una barrita se activó y luego desapareció. Por lo visto estaba cerca de hacer funcionar el aparato. Empezó a cojear por el camino, esperando tener la ansiada señal. Medio centenar de metros más adelante la barrita nuevamente apareció y se desvaneció con igual rapidez.

—No me huevís —dijo al artefacto electrónico.

Siguió cojeando y mirando la pequeña pantalla. De pronto, un ruido a su espalda lo sobresaltó. Giró y lo que vio hizo que el teléfono celular cayese de su mano.

—No, no, no —pidió.

Otro puma lo observaba desde no más de veinte metros de distancia. Uno ya era una rareza, pero dos una imposibilidad. Por alguna razón habían bajado juntos o quizás el segundo siguió al primero. Tal vez el que tenía al frente era el macho y la muerta la hembra o al revés, no podía saberlo al no conocer más de la fisionomía de esos animales. Daba lo mismo, el peligro era real. Ahora no tendría escapatoria. ¿O sí? Sí, podría arrojarse a la quebrada, prefería morir por la caída antes que por las garras y dientes del felino. Fue una decisión rápida, pese a lo trágico de la misma. Con un poco de suerte otro arbusto lo detendría, mas no era probable. Odiaba tener que hacer eso, pero nunca podría derrotar al animal. Echó a correr hacia el borde del camino, no obstante, su pierna lo traicionó y cayó de bruces al suelo.

Sus gritos se escucharon por toda la quebrada.

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que buen relato, te felicito bucheffiano sigue adelante con tus cuentos y publicalas en este medio.

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Me gusto, pense que era real.................................imagino que el final apela a la imaginacion, sigue publicando.

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Buena Teobaldo.. Yo también estuve en esa épica salida.

El relato me trajo sensaciones que viví hace hartos años atrás cuando recién empecé en la mtb y salía completamente solo a meterme por la cordillera, sin bombín, herramientas, parches, casco, nada, solo la cleta y una mochila rota con una botella de bebida llena de agua.. Algunas veces me caí feo y no tenía a quien recurrir en la mitad de la nada misma y te empiezas a desesperar.. Recuerdo una gran lección que tuve cuando llegué a la punta del cerro y pinché la rueda, y obviamente no tenía nainguna herramienta. Me tuve que devolver de noche sin luna muy perdido, a pura cachativa metiéndome entre las ramas, espinas, sintiendo presencias de animales, al borde de la desesperación. No sabía si quedarme ahí o seguir bajando, pero finalmente llegué.

Todo lo que viví en esos años fue solo, a golpe y porrazo, experimentando y aprendiendo a conocer el cerro y sus peligros, las rocas, el sol, la falta de agua, la lluvia...en otras palabras a leer la tierra y los senderos..

Habrán más relatos de cerro que alguien quiera compartir??

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..PD. Teobaldo, se que eres un escritor "de tomo y lomo". Hay harto en internet sobre tus obras.

Dónde puedo adquirir uno de tus libros??

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Vaya, no creí que tuviera respuestas tan rápido, así que gracias a todos por sus comentarios.

Rodrigo: Mis libros los puedes adquirir en:

Librería Ur

Avenida 11 de Septiembre 2305, local 19

Teléfono 09-1673705

O contactándome directamente conmigo.

Además, tus experiencias solitarias en el cerro demuestran una vez más que la realidad supera a la ficción. Puchas que eras arriesgado, hombre, yo ni cagando me meto sin mis parches y herramientas en un lugar así. Por lo visto aprendiste de la manera dura cómo salir bien preparado en correrías largas. Claro que igual a uno lo pilla un imprevisto (como el perno que se le salió a mi parrilla el martes volviendo de El Quisco, un perno que no andaba trayendo y que nunca creí se fuese a soltar de esa manera).

Espero que algún otro se atreva a compartir sus relatos, ya sean reales o ficticios, acerca de sus salidas por esta larga y angosta faja de tierra.

¡A seguir pedaleando!

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Vaya, no creí que tuviera respuestas tan rápido, así que gracias a todos por sus comentarios.

Rodrigo: Mis libros los puedes adquirir en:

Librería Ur

Avenida 11 de Septiembre 2305, local 19

Teléfono 09-1673705

O contactándome directamente conmigo.

Además, tus experiencias solitarias en el cerro demuestran una vez más que la realidad supera a la ficción. Puchas que eras arriesgado, hombre, yo ni cagando me meto sin mis parches y herramientas en un lugar así. Por lo visto aprendiste de la manera dura cómo salir bien preparado en correrías largas. Claro que igual a uno lo pilla un imprevisto (como el perno que se le salió a mi parrilla el martes volviendo de El Quisco, un perno que no andaba trayendo y que nunca creí se fuese a soltar de esa manera).

Espero que algún otro se atreva a compartir sus relatos, ya sean reales o ficticios, acerca de sus salidas por esta larga y angosta faja de tierra.

¡A seguir pedaleando!

Ok,me queda relativamente cerca la librería.

..Y si, fui arriesgado pero se debió estrictamente a la falta de experiencia e ignorancia. Hace 15 años no muchos andaban en bici y no teníamos internet.. Fue después que empecé a entender...Pero igual siempre está la incertidumbre de qué puede pasar después, esa es una de las gracias de este deporte, no crees.

Vuelvo a felicitarte por tu relato de este post, está muy bueno.. Me pregunto si habrán antologías de cuentos de mtb..Deben haber..

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super interesante... muy buen relato, yo tb era escritor

que sigas asi, te animo, escribes muy bien, mucha imaginacion y buena redaccion suelen ser un buen complemento.

Saludos (sorry por mis faltas de ortografia jaja, pero mi teclado esta malo)

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Excelente el cuento, al principio también pensé que estabas relatando una de tus experiencias. Gran imaginación mezclando literatura y ciclismo.

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Gran relato Don Teobaldo!

muchos saludos

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Ahhhh, ahora sé por qué tenia esas mordidas y rasguños de garras. El golpe fué heavy entonces si apenas me acuerdo de cuando iba volando con intención de poner a prueba el casco XD. Gracias por el relato, me ha servido de terapia, Teobaldo XD.

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hola!

excelente el relato, te juro que pensé que era real, y sentía que era yo el protagonista de la historia.

un abrazo y suerte

saludos

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