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Ese otro Ciclismo

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"ESE OTRO CICLISMO"
Tras algunas conversaciones con gente en este grupo, fuera de lo que ha sido el ciclismo de competición y hablando de ciclismo común y que se está perdiendo con los nuevos tiempos, voy a tomarme la licencia de hablar de ese otro ciclismo del que a veces no se habla. Una suerte de ciclismo romántico en el que no cuenta la bicileta que lleves, ni en qué puesto finalices, sino solamente terminar...o intentarlo.
Las brevets, y los randonneurs, son la parte más pura y que marca la esencia de un ciclismo al que no estamos acostumbrados. Es la comunión perfecta entre un ciclista de corazón, su bici, y la carretera.
Mi primer encuentro en una carretera con un randonneur fue cuando yo tenía 21 años. Entrenaba fuerte series cortas y en una de ellas pasé a un viejete con una bici antigua. Ni me fijé en él...solo recuerdo pasarle como una avión y quejarme para mis adentros de que tenía que dar un bamndazo para pasarle sin que me interrumpiese el camino. En las recuperaciones de las series, me alcanzaba y se enganchaba a mi rueda, y nuevamente, serie tras serie, lo perdía y se me reenganchaba en las recuperaciones.
Cuando terminé y me puse a rodar suave, se me puso en paralelo y me habló. Era un holandés que apenas chapurreaba bien el castellano. Llevaba una bici de acero antigua, pero impoluta, reluciente, los cromados refulgían con el sol hasta dejarte casi ciego, y fijándome más en detalle, me dí cuenta de qué llevaba piezas y componentes tuneados: taladrados para aligerar, piezas torneadas, personalizadas. Aunque antigua me dí cuenta de las horas, trabajo y mimo que había metidas en aquella bicicleta, que seguro le habría acompañado en largos años.
Me comentó que estaba de vacaciones en una localidad alicantina y se había venido hasta Valencia ciudad. Ahí me mosqueé... eran casi 160 km. Le pregunté si le recogían en coche por la zona de Cullera a la que estábamos llegando, y me dijo que no...que se volvía en bici de nuevo. 320 km en una jornada. Que estaba preparándose para la Paris-Brest-Paris, y que aunque estaba de vacaciones no quería perder la costumbre. Que siempre viajaba a todas partes con su bici.
Los humos y aires de grandeza de un chaval de 21 años, se hicieron añicos cuando escuché a aquel hombre comentar todas las carreras y Brevets que se había hecho, las distancias que recorría, cuando yo apenas había hecho más de 160 km en mi vida.
La concepción del ciclismo que yo tenía explotó, y la admiración y respeto que sentí por aquel hombre y su bicicleta, que acababan de darme una lección fueron inmensas.
Llegando a Cullera, yo me dí la vuelta hacia Valencia, y vi como se alejaba a su marcheta...despacio, pero implacable....devorando kilómetros y los destellos de los cromados de las piezas y componentes de su bicicleta titilando como estrellas. Un ciclista de pura raza.
Hay otro ciclismo al que algún día espero poder aspirar, quizá cuando me jubile. Un ciclismo en que da igual que bici lleves, o lo rápido que seas, únicamente tienes que sentirte ciclista.
Mi homenaje a todos aquellos que se estén pensando para 2019, preparar la París-Brest-París. Y suerte.

Extraído desde Ciclismo Nostalgico (Francisco José Martinez Arizcuren)

La imagen puede contener: una o varias personas, personas en bicicleta, bicicleta, cielo, exterior y naturaleza

 

Saludos.

weichafe.-

Austral Randonnuers

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