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GastonSRV

La Bicicleta - Reflexion de un amigo cura...

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Bicicleta

por Nathan Stone sj

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Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Marcos 6:34
(Jeremías 23:1-6, Salmo 22, Efesios 2:13-18, Marcos 6:30-34)

Encuentro que la época del automóvil se acabó. Estoy hablando en serio.

En el campo cerca de Austin, hay un museo de autos antiguos donde uno puede conocer desde los primeros carros sin caballo de 1895, (algunos a vapor), hasta modelos deportivos clásicos, incluyendo un Delorean, por si alguien quisiera volver al futuro. En su conjunto, la muestra es un homenaje a la gloria y vanidad del siglo XX. Los artefactos ahí exhibidos fueron sumamente cotizados como símbolos de prestigio e importancia en la sociedad. Hasta el día de hoy, la vida gira en torno a seis pistones y una caja de cambios. Pero no puede continuar así.

Los modelos más antiguos tienen ruedas de madera, y van abiertos a los elementos. No eran para velocidades de más que veinte por hora, así que no había que protegerse del viento ni nada. La gente alcanzaba, incluso, a conversar con los vecinos al pasar.

Hubo respetados integrantes de la comunidad científica que especulaban sobre la posibilidad de sobrevivir velocidades mayores de treinta por hora. Creían que los órganos internos del ser humano no aguantarían. Ahora, todos van rápidos, cada uno aislado en su cápsula de vidrio reforzado, con música fuerte y aire acondicionado. Nadie conversa con nadie, salvo por celular. No es el corazón que se reventa a cien por hora. Es el alma.

En el museo, hay unos yates con ruedas, de los años treinta, diseñados para durar. Son enormes como el Titanic y con esa misma elegancia singular. Eran para los pocos integrantes de la casta de la extrema riqueza, algo exclusivo para distinguirse de la multitud. Luego, llegamos a los Ford de producción masiva, para que cada uno tuviera el suyo. Los alemanes, por su lado, crearon el Volkswagen, el carro para el pueblo, diseminando el sueño de que cualquier ser humano, podría, y para merecer el respeto de sus pares, debería, tener uno.

Después de la Segunda Guerra, cuando el mundo dejó de hacer tanques y aviones para matarse, se dedicaron a la producción masiva de autos y carreteras, también para matarse. El sueño del automóvil personal ahora es una realidad, y cobra más vidas humanas que la guerra, el terrorismo, la violencia urbana y el narcotráfico. En los países en vías de desarrollo, los políticos prometen autos personales para el pueblo, para no ser menos. Podrían prometer una epidemia de tuberculosis, o un terremoto.

Yo recuerdo la inundación de autitos nuevos en Santiago cuando comenzó el “milagro económico” del régimen militar. Por las antiguas calles diseñadas para caballos y tranvías, comenzaron a transitar muchos choferes principiantes. Era un peligro público. Ahora, los autos son más grandes y refinados. Santiago está irreconociblemente tapado con cemento.

Consecuencia del glorioso automóvil, las ciudades “modernas” están diseñadas de tal forma que ningún ciudadano puede vivir sin tener uno. Vidas enteras se pierden en el trayecto diario obligatorio entre aquí y allá. Ya nadie vive a una distancia razonable del trabajo. ¿Para qué? ¿Si todos tienen automóviles? Es una adicción colectiva.

En un siglo, la humanidad ha incinerado más combustible que en los seis mil años anteriores. Hay un exceso de dióxido de carbono en la atmosfera, y va transformando el clima por el efecto invernadero. El planeta está quedando más caliente. Es como ese autito estacionado con las ventanas cerradas a todo el sol. Dentro de poco, nadie podrá vivir ahí adentro.

Lo que es peor, el automóvil ha transformado el carácter de las personas. Encerrados y aparentemente protegidos cada uno en su pequeño mundo, la gente ya perdió su contacto con el entorno. No se saludan unos con otros. No se preocupan de cómo están los vecinos. Para eso, hay programas sociales de gobierno, ONG’s y, por último, la policía.

Yo, por mi parte, en cuanto sea posible, renuncio al uso del automóvil. La bicicleta es mejor. Me ha transformado la vida. Sencilla y sin elegancias, no te deja pasar desconectado. Aun cuando vayas rápido, se alcanza a saludar a la gente. El automovilista vive separado del mundo. El ciclista pedalea por el mundo, vive en él, y es parte de él.

Creo que una vez perdí el trabajo por causa de la bicicleta. ¿Cómo entender que alguien con un cargo de responsabilidad institucional en una prestigiosa universidad no use su espacio reservado en el estacionamiento directivo? Los automovilizados no me respetaron.

Igual, no la cambio. La bicicleta me rehízo la vida. El pedaleo te permite tener compasión por la multitud. Sin esa, no hay vida.


Nathan Stone, S.J.


es sacerdote jesuita de la Provincia de Chile.

Es licenciado en teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile

y magíster en inglés de la Universidad de Texas. Ha trabajado en

colegios jesuitas en Chile y Uruguay, y también con inmigrantes

latinos en Estados Unidos. Hasta 2010 trabajó como Asesor de

Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Antofagasta (Chile), dando

Ejercicios Espirituales para jóvenes y como capellán del Hogar de Cristo.

Ha publicado artículos y ensayos en las revistas Mensaje, Teología y Vida,

Persona y Sociedad y The Way, entre otras.

Desde el 2011, trabajará en la misión jesuita de la Pan-Amazonía.

Trabajará en pastoral indígena con los pueblos originarios cercanos

a la frontera entre Brasil y Guyana



http://www.miradaglo...=100003〈=es

Edited by Aleko

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tremendo!!! .. que buena reflexion ..

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me encantó, me dan ganas de ser así cuando crezca, pero nose si quiero vivir en un planeta tan hecho bolsa por una especie como la nuestra

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yo vivo con ese pensamiento de vida, pero siempre he tenido el temor de que la sociedad con su excesiva velocidad pase por encima mio y de los que mas quiero.

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Buena reflexión!!!!

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concuerdo:

tambien deje mi auto en caso solo esta para salidas a la playa con mi familia y cuando llueve, me muevo a mi trabajo en bicicleta, mis jefes me preguntan que por no uso auto para llegar (aca son todos cuidcos audi, mescedez, lexus, etc. (llegaria mas temprano, bueno no mucho por los tacos y las ravietas que esto significa).

pero en fin siempre uso mi bici para todo desde comprar pan, hacer salvajadas los fin de semanas haciendo decenso aca en melipilla y de vez en cuando con mi familia a distutar paisajes o hacer un picnic en el cerro.

es real los que dice est reflexion uno se conecta mas con el entorno y entre comilñlas disfruta mas del mundo y se hace parte de el.

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Notable. Valdría destacar que quiero (y estoy en ello) re-aprender a saludar a la gente por la calle, si bien no ando sumergido en mi auto, sino en bici (además no uso audífonos), me hace falta lo que menciona Nathan de involucrarse más con los otros, y con el entorno: la bicicleta ayuda, pero también es necesario trabajar nuestros hábitos por una relación más viva y vivificante entre nosotros.

Creo que lo que dice fuck you stupid más arriba es crucial. El punto no es dejar de tener autos, o dejar de usarlos, sino usarlos pensadamente, para lo que sea necesario, cuando sea necesario. Y usar otros medios de transporte (la bicicleta es uno) cuando sea posible, es decir, ola mayoría del tiempo.

Salud!

Manuel.

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wenisimo!

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"El automovilista vive separado del mundo. El ciclista pedalea por el mundo, vive en él, y es parte de él"

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A mi me encanta mi bici. La mantengo a punto, siempre trato de mejorarla. Pero lo que hago con mi bici, es ir a los cerros, subir como perro y bajar como perro, eso es lo que me gusta. Francamente andar por la ciudad no me atrae en lo mas minimo. Y el tipo de ciclista que se describe en el articulo es el tipico hipster que anda en fixies y se baja por el manubrio.

El mundo ha avanzado y parte de ese avance esta en el automovil o en los vehiculos motorizados. Cuando voy a las competencias, los veo llegar a todos en sus todoterreno o en sus autos. La bici es bakan, es una experiencia en si. Pero eso no significa que tengamos que renunciar a este otro aspecto de la vida. En vez de enfocarnos en echar mierda al vehiculo motorizado, preocupemosnos de hacerlo mas eficiente, menos contaminador. Hace tiempo que se avanza en esa direccion, el auto electrico se hace cada dia una realidad mas cercana. Eso es verdadero progreso.

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A mi me encanta mi bici. La mantengo a punto, siempre trato de mejorarla. Pero lo que hago con mi bici, es ir a los cerros, subir como perro y bajar como perro, eso es lo que me gusta. Francamente andar por la ciudad no me atrae en lo mas minimo. Y el tipo de ciclista que se describe en el articulo es el tipico hipster que anda en fixies y se baja por el manubrio.

El mundo ha avanzado y parte de ese avance esta en el automovil o en los vehiculos motorizados. Cuando voy a las competencias, los veo llegar a todos en sus todoterreno o en sus autos. La bici es bakan, es una experiencia en si. Pero eso no significa que tengamos que renunciar a este otro aspecto de la vida. En vez de enfocarnos en echar mierda al vehiculo motorizado, preocupemosnos de hacerlo mas eficiente, menos contaminador. Hace tiempo que se avanza en esa direccion, el auto electrico se hace cada dia una realidad mas cercana. Eso es verdadero progreso.

En realidad... el artículo no habla desde el hipster... sino más bien de la cultura que existe -o existía- en la mayoría de chile: en las poblaciones, en el campo, en las ciudades antes de que los autos hicieran metástasis.

Y justamente el problema central que plantea el artículo no tiene que ver principalmente con el CO2, quizás sí con las bocinas; pero la "contaminación" que le preocupa mayormente al autor es la del tipo de relaciones entre las personas, entre nosotros, que se generan al andar en auto.

Y como ya decíamos más arriba: el problema no es el auto, es el uso hipertrofiado que hacemos de él. Y tampoco es un problema de infraestructura vial: mientras más infraestructura vial, más autos que la hacen obsoleta rápidamente. Tener un auto, usar un auto, es sensato, es deseable, es lo más sano para nuestros estilos de vida. Pero idealmente fuera para usarlo cuando andamos de 3 o más (no de a uno); para trayectos suficientemente largos, o con carga considerable.

En mi caso, me muevo mucho en bici; no cuando llueve o hay la neblina del otro día en Santiago: cuando el peligro de no ser visto, de resbalar, o de agarrarse una gripe es evitable subiendose al auto o a la micro. Pero también uso el auto cuando voy con alguien más a varios kilómetros de distancia; cuando por urgencias no me quedó otra que poner dos reuniones distantes en lugar, muy cercanas en tiempo. Pero estoy seguro que de hecho, más que los peatones y los ciclistas, son los otros automovilistas (como yo) quienes agradecen que haya un auto menos: mejor tráfico, mejor ánimo, mejor tiempo.

Me parece que la propuesta del autor es la de progresar en el uso del auto hacia un uso humanamente eficiente de aquél; así como se promueve el uso humanamente eficiente de smartphones, de televisores, de cigarros, de alcohol, de bicicletas, de envases plásticos. Todas ellas son creaciones humanas a las que sacarles provecho: pero necesitamos pensar cuál es la justa medida para que no se vuelvan contra nosotros: mucho cigarro, mucha tele, mucho alcohol, muchos envases plásticos, mucho smartphones dañan nuestras relaciones personales, nuestros proyectos y sueños, nuestros cuerpos. Y con el auto o la bicicleta pasa lo mismo: la idea es buscarle un uso que haga justicia de nuestros anhelos y necesidades humanas más a largo plazo.

Y repito, para que nadie le "haga la cruz" al artículo, cuando dice "la época del automovil se acabó", se puede entender -leyendo el artículo completo- como que la época de la hipertrofia del automóvil se acabó, y entonces no es contra los autos, ni contra el progreso , ni mucho menos contra los automovilistas: es en favor de todos nosotros para que disfrutemos de autos, bicicletas, amigos y amigas, familia, ocio, etcétera, del mejor modo posible.

Salud!

Manuel.

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amen,

concuerdo totalmente manuel

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Tambien estoy de acuerdo, y es curioso, hace como medio año vendí mi auto para comprarme una bicicleta,

ahora puede decir que estoy más relajado y puede que hasta más feliz :)

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A pesar de ser una columna cargada de prejuicios (algunos ciertos otros no tanto) en general estoy de acuerdo con la columna.

Tengo la suerte de estar viviendo algunos años en Holanda, y definitivamente queda una visión distinta del transportarse.

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